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6.14.2018

El rol educativo del teatro hecho en prisión. Investigación de la Universidad de Urbino, (Italia).



Por Vito Minoia
(traducción del inglés al español de Laura Vega)


Prisiones: un nuevo desafío educativo en Italia
La sociedad se siente o debiera sentirse interesada por la vida en prisión, con la conciencia de que es en su propio interés ocuparse de lo que pasa o deja de pasar en la misma. Una vida después de la prisión existe y ella depende de lo involucrada,  sólida y constructiva que haya sido la vida en la prisión de la persona que ha pasado por ella.
Cualquiera sea el fundamento moral que le demos al castigo, y cualquiera sea el pecado, hay una certeza compartida e innegable: no existe una “única” contribución para dar, no hay prisiones  con sistemas utópicos y no existe un nuevo conjunto de valores para crear. Necesitamos darle un sentido apropiado a lo que se llama bueno y justo, porque es innecesario negar que las prisiones son profundamente malas. Si no son consideradas como un camino para recuperar la dignidad propia mientras se restaura el sentido de justicia, transformarán a las personas en seres insensibles a la necesidad de curar las heridas profundas causadas por su comportamiento. La Constitución  Italiana, actualmente en el centro de controversias políticas y debate feroz acerca de su oportunidad en los tiempos que corren, define de manera directa cuál debiera ser la condición del prisionero. Es necesario creer en este primer enfoque para poder construir cualquier plan teórico o ideológico para el concepto de la vida en prisión.
En el artículo 27, sección 3 de la Constitución Italiana se dice: “Los castigos no deben ser inhumanos y se tratará de re-educar a los convictos”. Estas palabras son claras como el cristal y definen el castigo como un proceso de re-educación y no solamente punitivo.
El ejemplo de la Constitución está muy lejos hoy en día de la realidad de las prisiones, donde las condiciones de vida empeoran debido a la falta de instalaciones apropiadas, espacios, actividades de trabajo educativo y ocasiones de desarrollo personal.
Los principios de la Constitución no se han hecho realidad (están lejos de ello), y debido a la crisis económica actual y el resultado de recortes financieros, existe una gran preocupación sobre el futuro.
Afortunadamente nos las arreglamos para ponernos al día sobre el trágico problema de la sobrepoblación carcelaria que ocurre en Italia desde los últimos tres años. Otro efecto de esta emergencia ha sido el aumento en la tasa de suicidios los últimos años tanto entre los prisioneros como en el staff penitenciario (ciertamente también causado por la excesiva sobrepoblación).Si consideramos estos números, las condiciones de vida miserable en las prisiones, la mortalidad, las dificultades personales y de grupo en esta situación, es claro que existe una grieta significativa entre los legisladores, la Constitución y la realidad. La grieta es real  también entre la sociedad y las prisiones , entre los individuos libres que pueden pensar y expresarse, “condenar y castigar”, y los prisioneros que se encuentran solos y aislados. Prisiones, barrotes, paredes. Una población de prisioneros olvidados, sin identidad ni dignidad, sin lazos afectivos ni sociales, se ve obligada a vivir en una condición en ocasiones “totalitaria”.
Pero existe también otro camino, forjado con persistencia y coraje, con la fuerza de la razón y los valores de la solidaridad, tanto como de profundos sentimientos. Ese es el camino de la educación y de la re-educación, que siguen personas que están al tanto de la terrible situación de todas las instituciones, y que creen en la posibilidad de mejorarlas, abandonando la idea de prisiones como “organizaciones de custodia punitiva”. Ellos buscan para el futuro un sistema de prisiones en el que el contraste tradicional entre agentes y prisioneros  se modera con la presencia de psicólogos, trabajadores sociales y educadores que interpretan las necesidades de los prisioneros con un enfoque que está más cerca de los modelos relacionales y sociales.
Espacios educativos se han creado en prisiones con el objetivo de minimizar las características típicas de las instituciones: expoliación del yo, comunicación patológica, prisonización ( proceso de aceptación de la cultura de la sociedad carcelaria con sus hábitos, costumbres y modales que crean apatía y falta de interés para cualquier cosa que no esté directamente vinculada a uno mismo).
Las herramientas educativas para ser usadas consisten en proyectos externos diseñados para alejar a los prisioneros de una vida de prisión monótona.
Estas herramientas les permiten construir conexiones directas que hacen posible relaciones educativas, sugieren actividades de trabajo y expresivas usando técnicas relacionales para aumentar el diálogo y las posibilidades de comunicación.
 
 
Teatro en prisión, ¿por qué?
Dos películas aclamadas, “Cesare deve morire”, de Paolo y Vittorio Taviani y “Reality”, de Matteo Garrone atrajeron de pronto la atención internacional acerca del fenómeno del Teatro en Prisión en Italia. Este es el resultado de un proceso muy rico y complicado que lleva ya cuarenta años y cuenta con varios protagonistas.
Durante los últimos 25 años  he dirigido personalmente varias experiencias teatrales para  el Aenigma University Theatre de Urbino en algunas prisiones italianas (Modena, Pesaro, Ancona, Macerata Feltria). Nosotros Involucramos prisioneros de unidades de alta seguridad también, junto con estudiantes universitarios provenientes principalmente de los Departamentos de Humanidades de la Universidad, o con adolescentes de la escuela media. (de 12 y 13 años de edad).Luego de mencionar estas experiencias, me detendré ahora en el potencial pedagógico y didáctico que tiene el lenguaje teatral para gente privada de su libertad. ¿Podemos considerar al teatro  como una herramienta para relaciones sociales, comunicación, intercambio y diálogo? ¿Por qué el teatro se convierte en una herramienta educativa para la diversidad y el cambio? Hay múltiples consideraciones para hacer. Trataré de focalizarme en alguna de ellas.
 El teatro crea otra vida posible en el escenario. En el escenario y en ninguna otra parte se nos ofrece la oportunidad de reinventar siempre nuestra historia, intentar y recrear una nueva identidad. En el escenario las historias de nuestra vida son contadas y salvaguardadas y construyen un tesoro de experiencia que es todo lo contrario de la objetivación.
 El teatro mueve lo que está inmóvil. En el escenario estamos aquí y en todas partes, dentro y fuera, ahora y nunca. Este movimiento eterno, este viaje sin fin hacia otros lugares y tiempos en los zapatos de otro, naturalmente genera un proceso interno,  una investigación interminable sobre un flujo implacable de deseos, emociones y turbulencias.
 El teatro cambia la sustancia del tiempo. El tiempo del teatro no es tan tiránico como lo es en la vida cotidiana. En el escenario se puede detener con gestos o palabras, cualquier cosa puede repensarse, rehacerse, volver a decirse, reinventarse. No hay una elección final, y  los roles se pueden reasignar  siempre. Como consecuencia, los roles en los que las personas están encarceladas por las elecciones que ellos u otros han hecho, simplemente se desmoronan.
 El teatro inventa el espacio. En celdas estrechas las personas carecen de espacios físicos y mentales y se sienten encerrados y obligados a comprimir los sentimientos, los gestos, el habla. Sentirse tras las rejas significa sentirse encarcelado en uno mismo y el territorio de uno debe estar protegido de los demás. Por el contrario, en el escenario el espacio se vuelve una sustancia que se ensancha y se encoge, algo que conquistamos y entregamos; las puertas se pueden re-abrir para intercambiar ideas y el deseo de compartir y el diálogo pueden volver a surgir.
 El teatro llena el silencio con palabras. Las palabras cobran vida, un tesoro que existe para todos. En el escenario, las palabras se mezclan, toman color, se inventan y se convierten en un objeto para compartir. Este intercambio interrumpe la soledad, es decir, la “primera condición para el sometimiento”.
 El teatro arroja luz sobre la sombra. En el escenario obtener el derecho a la atención es posible de nuevo. Un pequeño movimiento es suficiente, una inmovilidad total también, inclusive una pausa ya significa deseo. Los focos que se detienen y se mueven nuevamente; en el escenario no existe la invisibilidad. Necesitamos revelar, desnudar; expresarnos rompiendo el autocontrol exacerbado en la prisión que surge de la necesidad de ocultar el mundo interno de cada uno.
Los teatros crean un lugar y un tiempo, un horizonte sin límites, interminable, un movimiento perpetuo versus la inmovilidad, imaginación versus exclusión, lo posible versus lo imposible (aquí cito a Claudio Meldolesi, historiador de teatro, fallecido en 2009, con quien pude desarrollar mis primeros pensamientos respecto del mismo).
El teatro es por encima de todo una idea que no encaja solamente en los espacios del escenario, va mucho más allá, y contiene un número infinito de palabras posibles. El teatro es sobre todo una respuesta a una necesidad, es tiempo y espacio que da sustancia a los sentimientos. El teatro significa desafiar el poder de nuestro cuerpo, significa ir más allá de nuestros límites, mostrarnos como somos y sacarnos la máscara, llevar al escenario nuestros sueños, pesadillas, esperanzas y deseos. Todo esto puede ocurrir en una prisión, donde no hay lugar ni tiempo para el teatro. Este es quizás el punto. El sentido de ofrecer esta posibilidad viene precisamente de la diferencia y el contraste entre dos mundos.
Es un contraste sorprendente, pero frente a sistemas cerrados, las paradojas son siempre una necesidad. La paradoja es, indudablemente, que la “necesidad de hacer teatro” florece de la manera más urgente justamente en los lugares donde más se lo descuida. Es aquí donde se expresa más que en ninguna otra parte la necesidad de protección, la urgencia de la transformación, la necesidad de “resistir colectivamente con fantasías al daño que consume a la persona forzada a estar sometida y paralizada”. Estas necesidades y problemas urgentes encuentran una respuesta en el teatro. En un lugar donde todo parece imposible, el teatro es un oasis de posibilidades, ya que puede mostrar toda su potencialidad de auto-educación y de libertad. Formando parte de un contexto institucional, el teatro siempre se arriesga a ser privado de esa energía y ruptura potencial que se le ha adjudicado a su función re-educacional. Si se considera al teatro solamente como una herramienta “re-educativa” se corre el riesgo de reducirlo simplemente a un proceso utilizado para transformar a la gente, para volverla “normal”, entrenándola para aceptar los valores dominantes y neutralizando cualquier diferencia. Considerar el teatro como terapia es peor todavía. Nos arriesgamos a ver el teatro como un momento de “cura” ajustando cada peculiaridad de expresión en categorías de diagnóstico. La sala de teatro no es un confesionario ni tampoco una clínica. Es un lugar donde se comparten experiencias, se recuerdan historias, pensamientos y acciones. No es una sala del sistema judicial  donde se emite un juicio opresivo pronunciado desde un escenario. Una sala de teatro es un lugar de discusión abierta, en la cual los participantes escuchan, cuentan, aprenden unos de otros. La utilización de las actividades teatrales no se debería utilizar como una “cura forzada” como único objetivo. El teatro es una expresión generada por la necesidad de relacionarse con el otro, en la imaginación y en la realidad, en cuerpo y pensamiento, y así debe corresponder a la conquista de una conciencia propia.
Deberíamos focalizarnos en el potencial educacional del teatro: la representación tiene como objetivo actuar, la actuación  tiene como objetivo la comprensión, la comprensión tiene como objetivo el cambio.
La “educación” es un concepto que debería impregnar la representación/acción del teatro, también se debería considerar como herramienta para determinar, regular, estrechar la relación entre el yo y el otro, entre el educador y el alumno.
Las relaciones entre pedagogía y teatro se caracterizan por distancias y diferencias, comparten algunas características comunes: el objetivo de ambas disciplinas son la comunicación y la educación, las dos necesitan alteridad y ulterioridad, investigación del yo, deseo de libertad, necesidad de emociones,
empatía y verdad.
La “representación” proyecta el mundo interior hacia “afuera” y ayuda a construir
el proceso personal de acercamiento del yo interior hacia los demás.
El teatro también produce conexiones, intercambios, puertas y redes entre el individuo y los demás, entre el mundo interior y el exterior. Abre el círculo entre mundos, remienda una lágrima para que la pena no sea permanente sino que pueda ser  objeto de discusión y se pueda arreglar.
El escenario se convierte en un puente entre la prisión y la sociedad, un lugar donde prisioneros y ciudadanos se encuentran y hablan cara a cara, en una relación actor-audiencia. Acá el encuentro puede convertirse en descubrimiento, cultura y la ocasión de acercar los bordes de la grieta entre criminal y  víctima.
No existen mapas inamovibles, métodos o caminos, estamos siempre yendo hacia direcciones impredecibles, podemos estar equivocados o necesitamos fijar nuevos objetivos cada día.
Independientemente de la forma en que el teatro es considerado y adoptado por la ley y las instituciones, le corresponde a los directores, actores y al público defender su independencia artística, sus expresiones y su tiempo.
Solamente saliendo de esta mera función re-educativa, generalmente llamada “actividad cultural”, el teatro será capaz de representar en su totalidad la potencialidad que tiene como herramienta de emancipación.
Al mismo tiempo, la independencia del teatro no es posible  si se desconoce  su contexto. Deberíamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Puede existir una ética del teatro sin su estética? ¿Podemos crear arte sin ética en las prisiones?
Demasiadas veces hemos asistido  a malos ejemplos de teatro creados en nombre de principios éticos. También puede pasar que no se vea ningún principio ético en producciones teatrales. En las prisiones, generalmente es más fácil encontrar ambas cosas, ética y estética.
Durante los últimos 20 años hemos asistido (en las ocasiones de observación privilegiada provistas por la Revista Europea “Catarsi-Teatri delle diversitá/ Chatarsis-Theatres of Diversities) para el desarrollo específico de ética teatral en lugares marginales. En el contexto de la prisión, una práctica estética tal como el teatro, llega a su dimensión profunda y original como instrumento de conocimiento.
Las reglas de detención crean una serie de restricciones que pueden ser creativamente sorteadas por los actores de manera artesanal. En una dimensión ética, se les ofrece a los prisioneros una perspectiva diferente, se les muestra una nueva dirección posible, una ocasión de llevar a la práctica su libertad artística.
El teatro en prisión trae cambios a los operadores teatrales, en su metodología, en su visión del arte  como llave para entender la naturaleza esencial de su profesión. El teatro siempre ha movido energías vitales, esta capacidad incluso aumenta en las prisiones. Se transforma en una actividad privilegiada que nos permite ir más allá de la vida cotidiana, más allá del “aquí y ahora” de la condición de estar en prisión.
El teatro en la prisión se ha convertido en Italia en una práctica común y ha dado resultados artísticos significativos. Está cambiando las prisiones tanto como al teatro mismo.
 En 2009 , en un libro que edité en la Universidad de Urbino junto con Emilio Pozzi
(Recito, dunque so(g)no. Teatro in carcere/I act, so I dream. Theatre in Prison 2009) primero describimos el mapa,  proporcionamos consideraciones y registros de varias experiencias  sobre el teatro en la prisión en Italia.
En 2011, luego de esta publicación,  se creó en Italia la Asociación Nacional de Teatro en la Cárcel .Hoy en día, 44 experiencias de 13 regiones italianas participan de esta red de trabajo. Desde entonces muchos objetivos se han concretado y se han elaborado nuevos desafíos, empezando por “Escenas Universitarias para el Teatro en Prisión”, conferencia organizada en colaboración con AITU-IUTA el 4 y 5 de noviembre de 2017 con el mecenazgo de la Universidad de Urbino. Además, se creó en 2016 el Premio Internacional para el Teatro en Prisión Antonio Gramsci y una nueva revista, titulada “SEARCHING, prison anagram of CERCARE, carcere anagrama di” vio la luz con el objetivo de documentar científicamente las experiencias  del Teatro en Prisión  a nivel internacional. Quien quiera colaborar es bienvenido.
                                                                                   
Vito Minoia

5.02.2018

¡Vuelve el Diario de Trabajo!

Mucho tiempo nos habíamos ausentado porque a veces en esta realidad que va a mil revoluciones por minuto, el cotidiano te arrastra a saltar de una cosa a otra, sin que te busques un tiempo para respirar y ver el paisaje.
Ahora queremos ver el paisaje y contarles lo que estuvimos haciendo en el último Abril.


Nuestro más reciente trabajo de cuentacuentos, estrenado en 2017, es "El último Sagatara", un montaje sobre los cuentos de O'Yarkandal, del gran Salarrué, una de las joyas de la narrativa salvadoreña. El trabajo está a cargo de Jen Valiente y del 19 al 20 de abril, estuvo en Managua, como invitada en La Ruta del Cuento, un estupendo proyecto de cuentería para Centroamérica, organizado por Nic Assitej.

Esto nos dio oportunidad de visitar otros públicos y por supuesto, de encontrarnos con los queridos amigos del Teatro de Títeres Guachipilín, que continúan con su incansable labor por el teatro en tierras nicaragüenses.

Por tercer año consecutivo, El Tiet realiza su intervención de estatismo en el Festival de Jazz desarrollado en Santa Tecla y donde como siempre, contamos con el apoyo artístico de talentosos estatistas para intervenir el Paseo El Carmen con 16 estatuas humanas. Fue una noche estupenda



Y para cerrar Abril con broche de oro, realizamos una jornada de teatro escolar, con la obra "Matrimonio Forzoso", de Moliére, una de nuestras favoritas y bien disfrutada por el público que nos acompañó.


En mayo estamos preparándonos para nuestro 13 Aniversario, que desarrollaremos en el mes de junio en La Galera Teatro, en San Salvador y del que les dejamos un breve anticipo. sin embargo, también llevaremos "Matrimonio Forzoso" a Santa Ana, detalles en nuestra sección de Eventos.


En mayo... ¡Nos vemos en el teatro!






2.12.2018

Están invitados a este matrimonio...

Abriendo su Temporada 2018, el Tiet presenta uno de los clásicos de su repertorio "El matrimonio forzoso" de Moliére. Este viernes 23 de febrero, a las 10:00 a.m. y 2:00 p.m. en el auditorio del MUNA, frente a CIFCO. Entrada general $5, estudiantes y tercera edad $2.




Esta clásica comedia del famoso dramaturgo francés, nos muestra las peripecias del viejo Señor Sganarelle, quien está indeciso entre casarse o no con la joven y coqueta Dorimena. Buscando una respuesta hablará con su viejo y buen amigo Jerónimo, con dos filósofos sabios y hasta consultará la suerte con gitanas y magos, pero burlar este casamiento le será difícil.
El montaje se basa en el juego físico del actor y en la interacción con el público, utilizando la Commedia Dell'Arte y el teatro popular, para brindar una entretenida historia.




Dirección. Jennifer Valiente

Sganarelle. Jorge Sánchez.
Jerónimo, Marfurio, Licasto, Alcidas. Mauricio Sánchez
Dorimena, Gitana 2. Elisa Arteaga
Pancracio, Gitana 1, Alcantor. Jennifer Valiente

Distribución. Loyda Rodríguez.

Para mayores de 14 años. Reservaciones para grupos al 73822974, en asociacion.escenario@gmail.com o via inbox en nuestra fan page TIET en facebook
¡Nos vemos en el teatro!